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Una Estabilidad Inestable

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Una Estabilidad Inestable

Mensaje por Vasil Ivanov el Sáb Dic 29, 2018 2:39 am

Dicen que la guerra cambia a las personas y en efecto esa frase encierra una verdad absoluta. Había pasado unas semanas desde que Vasil se volvió a enlistar para estar en el frente. Aunque cumplió satisfactoriamente su servicio obligado en el ejército, aquel joven probo la tan ansiada libertad como un amargo veneno. Hasta esa época de su vida solo fue bueno para dos cosas, robar y matar soldados enemigos. ¡Y en verdad que para esto último sí que era bueno! Por lo tanto, tras deambular sin rumbo fijo en ese departamento fronterizo de Bulgaria, tuvo su oportunidad perfecta al ser entrevistado por uno de sus antiguos oficiales, que el alto mando militar requería nuevamente formar un nuevo batallón de infantería.

No fue sorpresa encontrarse con viejos camaradas. No podía decir que aquello tipos le agradaran o fueran sus amigos, pero en mas de una ocasión se jugo la vida con ellos. Tras muchas desventuras existía cierta conexión entre ellos. No la mejor, pero era mejor que nada. Lo que se sabia era mas que claro. Todos los que los rodeaban eran enemigos, así que tarde o temprano alguno haría el primer disparo y la guerra estaría más que anunciada.  Nadie conocía los planes del alto mando, pero era evidente esa tensa calma. Algunos incluso le llamaron “falsa paz”.

En esa fría noche los hombres que formarían el batallón al que sería asignado, se reunieron en las instalaciones del cuartel.  Algunas anécdotas por aquí, historias tristes por haya y mas de uno el deseo de derramar sangre enemiga.
Entre las platicas Vasil se encontraba alejado. Limpiando un viejo fusil que sostenía entre sus manos para intentar darle el mantenimiento adecuado.

–¡Hey! ¿Qué haces apartado? Deberías también integrarte a la plática– dijo un hombre de mediana edad el cual junto a los demás intercambiaban anécdotas de pasado.

–Tienen una hija, una mujer, una prometida … – expresó este ultimo sin si quiera voltearlo a ver. –Tsk – algunos una hija o una prostituta que extrañaran y por la cual pelear. ¿O me equivoco? – el hombre se molesto ante aquella respuesta y basto poco para que se le fuera a golpes, aunque fue detenido por otro de los soldados ahí presente.

– Déjalo, así es él– indico que era inútil una pelea. –¿De dónde maldita sea lo sacaron? – preguntó aun molesto ante aquella escena. –Solo cuando hay cerveza puedes sacarle una conversación decente. Fuera de ello solo déjalo ser. Que no te irrite– las horas pasaron y la noche termino por caer. Algunos se retiraron a sus dormitorios solo quedando Vasil y otro soldado despierto.

–Aun te recuerdo del conflicto que tuvimos hace un tiempo con los serbios. Pero se ve que no has cambiado– indicó tras recordar que fueron asignados originalmente a la misma unidad. – Yo solo recuerdo que nos dieron unos viejos rifles M1874. ¡Demonios! esas porquerías se encasquillaban con el menor polvo– dijo recordando la falta de armamento en aquella campaña. –Se hacia lo que se podía con lo que se tenía– aquel soldado desconocido saco una cajetilla de cigarros y le compartió uno a su compañero. –No tengo forma de pagarlo– dijo reconociendo su pésima situación económica en aquel momento. –No te lo estoy cobrando. Tú tómalo nada más. Por cierto, mi nombre es Nikola y ¿El tuyo? – el pelinegro acepto el cigarro y no tardo en encenderlo. –Vasil– no hubo ninguna palabra mas durante el resto de la noche.
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Re: Una Estabilidad Inestable

Mensaje por Vasil Ivanov el Vie Ene 04, 2019 12:49 am

A la mañana siguiente, los oficiales del ejército real búlgaro tomaron lista de las nuevas tropas voluntarias a su disposición. El llamado superó las expectativas en la cantidad de hombres reclutados, pero aún quedaba demostrar la calidad de los enlistados. No tardaron en hacer los primeros exámenes físicos y de aptitud. Como era de esperar las precarias condiciones de vida en aquella región mermó la salud de mas de un voluntario, pero se decidió omitir estos estudios para tener un mayor numero de reservas. Algo que seria vital para las futuras campañas militares. Eso era mejor que tener escases de tropas y recurrir a mercenarios y soldados de leva.

Posteriormente continuó la segunda fase, donde se dividirían aquellos que eran óptimos para ser soldados regulares y los voluntarios a ser simple carne de cañón. Los hombres demostraron ser indisciplinados, irascibles, con poco juicio y una alta tendencia a la insubordinación; y otros solamente se enrolaron para saciar sus ansias de asesinar. Al final era una salida de la pobreza y del hambre; absolutamente nadie quería ser soldado por amor a la patria.

Los días se volvieron semanas y las semanas comenzaron a correr para formar el primer mes. Vasil fue asignado a un puesto fronterizo en el sur. Su tarea fue patrullar los movimientos que pudieran ocurrir en aquel punto estratégico. Aunque aquello solo era una mera pantalla. Realmente había muchos batallones movilizándose al sur, para buscar un enfrentamiento directo con el ejercito otomano. Rumania quería expandir sus territorios e incitar una provocación para desatar una guerra, pero la excusa aun no legaba, solos no podrían con aquella empresa y la diplomacia se movía de forma veloz para que ese resultado se diera de una buena vez.

Aun así, se requería el apoyo de alguna potencia. Todo podía pasar tarde o temprano, solo se esperaba el momento indicado.

Mientras tanto el batallón siguió vigilante. Obedeciendo las ordenes del alto mando militar, que era estar lo mas cerca que se pudiera de la línea fronteriza.

–Estoy solo a un tiro …. Solo a un tiro y ¡Bang! –  dijo uno de lo soldados dentro del grupo de avanzada al que fue asignado Vasil. –Tan fácil que seria matar a ese turco que esta a la falda del cerro– jactándose de su habilidad con el fusil y lo efectivo que seria en ese momento. –¡Callate Radko! ¿Qué no vez que es un maldito pelotón completo? – dijo el suboficial al mando de la pequeña escuadra búlgara.

–¿Y…? Alguno tiene que hacer el primer disparo. Mejor que seamos nosotros– contestó el soldado aun apuntando con la mira en un acto de total provocación. –Nuestras ordenes fue hacer reconocimiento. ¡Maldita sea no puedes solo seguir las ordenes! –

–Radko … Nosotros somos cuatro. Ahí abajo hay un pelotón de por lo menos veinte hombres. Si disparas seremos hombres muertos. Así que baja tu puto rifle o yo me encargo que solo quedemos tres formando nuestra escuadra– dijo Vasil apuntando con su rifle a su compañero. –Tsk … Ustedes también vinieron hasta aquí para matar a esos perros, pero soy el único que lo acepta– bufó el hombre mientras bajó su rifle.

–No soy suicida …. Capaz matemos a unos seis o siete, pero no estamos aquí para hacerlo– en el fondo Vasil también quería que la guerra se desatara de una buena vez. Pero no por ello quería morir por la acción de un idiota.

–Señor hemos terminado de marcar todos los objetivos en el mapa, podemos continuar al siguiente punto– dijo el otro integrante de la escuadra e inmediatamente el suboficial dio la orden de descender de ese cerro y continuar hasta el siguiente punto de control.

–¿Creen que se desate una guerra entre los dos países? –  inquirió uno de los soldados a sus demás compañeros. –Sin el apoyo de Serbia o Grecia lo dudo. No tenemos los recursos para una campaña militar por nuestra cuenta. Amenos claro que nos manden a morir en esta frontera, obteniendo resultados nulos– contestó el suboficial a sus subordinados.

–Como pasó cuando luchamos contra los serbios …– dijo Vasil recordando el conflicto fronterizo que arrastro al país a una guerra de broma. Se movilizó al ejército. Se atrincheraron en sus posiciones y se mataron con los serbios durante varias semanas y al final la frontera no se movió ni un centímetro. Cuando los políticos se dieron cuenta de aquel fiasco decidieron firmar un armisticio con los serbios. Aunque claro ni una de las partes se preocupo por las vidas desperdiciadas en aquel enfrentamiento.

–¿Vasil te enlistaste en el frente en aquella ocasión? – preguntó Radko. –No diría que me enliste. Tenía dieciséis años y me condenaron al ir al frente. La política en ese entonces era que todo criminal que tuviera la edad suficiente para tomar un rifle con sus manos fuera enviado como soldado raso a morir en una triste trinchera– el soldado busco entre sus bolsillos y sacó uno de tus últimos cigarros.

–¡Ivanov! No se puede fumar en servicio– lo amonestó el suboficial por aquella acción. –Estamos en medio de un bosque. No veo que a alguien lo moleste y, además, si no pudo evitar que Radko fuera un idiota en aquel cerro. ¿Qué le hace pensar que lograra hacer que apague mi cigarro?–  cuando llegaron al siguiente punto la noche ya los había alcanzado, así que postergaron la misión de reconocimiento hasta el alba y comenzaron a montar un campamento improvisado para pasar ahí la noche.
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Re: Una Estabilidad Inestable

Mensaje por Vasil Ivanov el Mar Ene 15, 2019 3:08 am

La Mañana llegó y los hombres levantaron su improvisado campamento. Aún tenían mucho tuvieron una larga jornada ese día. Eran pocos los grupos de avanzada que fueron mandados por el ejército búlgaro y la extensión de las fronteras era abrumadora. Pero debido a la escasez de efectivos se tuvo que trabajar sobre marchas forzadas y mandar a las tropas disponibles a jornadas infernales. Por lo tanto, no existía otra alternativa que descansar lo mínimo posible y marchar a paso apresurado. Solo se les permitía dormir en la noche, pero una vez que el alba llevaba no tenían derecho de detener el paso, solo cuando se detenían a tomar información en los puntos de control establecidos por sus superiores.

Así siguieron ese día, bordeando los valles y los difíciles caminos de esas inhóspitas montañas. Hasta que al fin llegaron al siguiente poblado en varios kilómetros a la redonda. La felicidad de los hombres no se podía evitar, mas por que en ese poblado se encontraba instalado un puesto de control, por lo tanto, tendrán barracas para pasar la noche de forma digna. Nada de dormir a la mitad de la oscuridad en medio de la nada.

–Bien hombres, pueden descansar esta noche– fue la ultima indicación del suboficial al mando. Mientras todos se dirigieron a acuartelarse hasta el siguiente amanecer. Pero el descanso tuvo que postergarse. Ya que a las pocas horas el suboficial llamó a sus hombres y los reunieron junto a otros soldados ahí instalados. Tenían una nueva orden que cumplir: Trasportar la mayor cantidad de tropas hasta el puerto de Burgas. Aquello seria una tarea titánica, pero los soldados no tuvieron mas opción que obedecer si no querían ser fusilados por sus oficiales. Así aun estando en completa oscuridad un cuantioso contingente militar salió hasta el destino que se le fue ordenado.

Las desavenencias no fueron pocas, las deserciones no fueron mitigadas en su totalidad, pero la orden fue cumplida. Ahora completamente agotados todos los soldados rompieron filas, para recibir sus nuevas ordenes y ser reagrupados a nuevas zonas.

Ese puerto era de vital importancia y se quería mantener una reserva ideal de soldados, para protegerla en caso de un desembarco enemigo. Algo que era un riesgo contante, considerando la debilidad de la armada búlgara. –¡El alto mando oficial nos terminara matando! – se escuchó como un grito generalizado por cierta fracción de la tropa que daba indicios de querer insubordinarse. Situación que no se dio.

Pasaron los días y en cierta ocasión Vasil junto a otros soldados fueron llamado a vigilar los muelles durante la noche. La tarea era simple, evitar contrabandos de los barcos y arrestar a cualquier sospechoso. Pero como si fuera un capricho del destino la guardia no se llevó como de costumbre.

–No somos unos simples perros. ¿O no? – protestó un soldado llamando a sus otros compañeros. Mientras hacían la ronda a altas horas de la madrugada. Fue en ese momento que vieron a unos individuos intentando sustraer unas cajas de unos de los barcos. Los arrestaron, pero al ver que trasportaban los soldados dudaron en cumplir con su tarea.

–¿Acaso son botellas de Ron? – evidentemente tenían días sin probar alcohol y estando acuartelados, la única opción era escaparse. El trató fue simple, los soldados se quedaron con unas botellas y los criminales pudieron irse libre. Todos ganaban de esta manera.

–Hora si señores en hora de un buen alcohol– festejaron aquellos desdichados hombres, mientras se emborracharon al amparo de la noche. Las horas pasaron y el grupo siguió tomando como si no hubiera un mañana. Además, fue evidente que aquel producto estaba adulterado, sin ningún tipo de control de calidad. Pudo ser esta la principal razón para lo que se dio a continuación, o el hambre y la fatiga acumulada y esos desdichados, pero al pasar las horas cada uno perdió el completamente el sentido, perdiéndose completamente en una borrachera que nunca olvidarían. Vasil no supo en qué momento perdió el conocimiento, lo ultimo que supo fue que estaba cantando junto a sus compañeros cerca de unos buques cargueros que zarparían a primera hora de la mañana.

El despertar para el búlgaro fue terrible, el pero que había tenido en años. Sintió que la cabeza le estallaba del dolor y su vista estuvo nublada. –Maldito ron corriente– dijo de forma casi agónica. Volviéndose a dormir sin impórtale las consecuencias, lo peor que podría pasarle era ser encarcelado o que fuera castigado enviándolo a otro punto perdido en las montañas.  No era el primero ni el ultimo que no se despertaba al alba en su pelotón ¿Qué era lo peor que le podría pasar? Pero, solo pudo dormitar unos segundos más ya que sintió que algo mordisqueaba sus pies. Se despertó de inmediato y notos unas ratas a sus pies. –¡¿Pero qué demonios?!– aquello no estaba bien, en lo mas mínimo.  Ahí se dio cuenta de lo herrado que estaba. No se encontraba en su barraca, si no desnudo en medio de una de las bodegas del barco.

–¡Estos cabrones!¿Que idiotez hicimos esta vez?– ahora era consciente que su castigo seria aun peor, pero no tenía idea de a qué grado llegaría aquello. Aquel barco ya había zarpado y estaba completamente lejos de la costa. Así que se vio imposibilitado de regresar al cuartel. Su vida como militar terminó en ese maldito momento. Aunque pudiera regresar a costa, seria tratado como desertor, esperándole una muerte por fusilamiento.  Lo primero que hizo fue intentar conseguir algo de ropa e intentar sobrevivir como polizonte y esconderse en aquella bodega. No tuvo idea como fue que llegó a esa situación, pero era evidente que esa borrachera le salió extremadamente caro. Así entre las sombras y completamente alejado de cualquier contacto con otra persona sobrevivió a la larga travesía en alta mar. Esperando que ese viaje infernal acabara de una buena vez.
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Re: Una Estabilidad Inestable

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