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Mensaje por Sid el Miér Ene 02, 2019 11:21 pm

Siempre que ingresaba al Santuario portaba su armadura dorada. Se había reventado el trasero por años entrenando duro, siendo herido, pasando hambre, frío, humillaciones y todo para portar esa vestimenta. Era un símbolo de su esfuerzo y dedicación. Cuando vestía así se sentía que no era solo un tipo sin familia que había vagado entre los muertos y los fantasmas de éstos por años, sino alguien con propósito. Aunque no lo demostrara servir por la causa del Santuario era para él un gran honor y creía en la justicia de Athena. Por ello, no le importaba qué métodos tuviese que emplear ni a quien tuviese que matar, el fin justificaba los medios empleados para proteger esa frágil paz en el mundo. 

Miró el Santuario que se alzaba poderoso e imponente frente a él. Cuando subiera por las doce casa (aunque planeaba tomar los atajos entre algunas de ellas porque le daba una tremenda flojera tener que pasar casa por casa), tendría una serie conversación con el Patriarca sobre lo que había sucedido en Siracusa y ese enviado de los dioses. No estaba seguro qué estaba por ocurrir pero algo dentro de él le decía que si tantos caballeros dorados, de plata y bronce se estaban comenzando a reunir en el Santuario era por un motivo. Una gran guerra se aproximaba y sólo faltaba que Athena tomara su lugar para que los guiara en ésta. 

Tenía la impresión que el patriarca sabía más del tema de lo que estaba dispuesto a admitir. Creía que Athena estaba en la tierra, pues ocasionalmente había sentido su presencia; esa hermosa cosmoenergía armoniosa que parecía hacerlo sentir electricidad en la piel y arder el pecho. No obstante, no estaba seguro si sería el momento adecuado para abandonar el Santuario y emprender una búsqueda. Supuso que el patriarca decidiría algo así. 

El templo de Aries se encontraba vacío por lo cual ni él ni Deneb tuvieron que detenerse a entablar relaciones ni conversaciones con nadie. No obstante, se sintió ligeramente curioso al sentir una fuerte cosmoenergía en el templo de Tauro. Mientras se acercaba escuchó como la madera era quebrada en pedazos, algo raro. Miró alrededor y a un costado se encontró con una jovencita cubierta en ropa bastante maltratada y una piel de algún animal. Aquello era raro, pues su rostro de finas facciones y hermosura angelical contrastaba mucho de su atuendo. Una cara así debió haber estado cubierta en seda y no con harapos. Su cabello resplandecía como una cascada de oro al sol y caía libre por sus hombros. Sus ojos azules eran tan profundos como el cielo y sus labios dos cerezas que suplicaban ser probadas. 

―Mira eso ―dijo parado de golpe y dándole un codazo a Deneb, incrédulo de que una mujer así de bella fuese la nueva guardiana de Tauro. Podía sentirlo por la cosmoenergía que desbordaba. Era la de un Santo Dorado―. El nuevo Santo de Tauro es una mujer. Maldición... es altísima ―se aseguró de estar lo suficientemente lejos para que ella no escuchara ninguno de sus comentarios. 

No portaba una máscara como la mayoría de las amazonas lo cual le llamó la atención. Debía ser de su misma estatura por lo cual se sentiría raro hablándole mirando sus ojos al frente. Sid recordó que no era una mujer cualquiera a la cual se podía acercar con un comentario desubicado como solía hacer. Era uno de los doce Santos dorados del Santuario y por lo mismo le daría el mismo trato que a cualquiera de sus hermanos en armas. Suspirando despreocupadamente se acercó a ella y le hizo un gesto con la mano para saludar. 

¡Alguien nuevo en el Santuario! Por fin. Ya me estaba aburriendo de ver las mismas caras todos los días le dijo intentando ser más amigable que de costumbre. ¿Eres el Santo Dorado de Tauro, no? Tu cosmoenergía es bastante fuerte. La sentí desde Rodorio pero no imaginé que era de una... iba a decir mujer pero se detuvo. No se iba a desubicar con comentarios como ese. No quería ofenderla en su primer encuentro―. Mi nombre es Sid. Soy el Caballero dorado de Cáncer y este sujeto a mi lado es Deneb, el caballero dorado de Capricornio.
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Re: Templo de Tauro - Alrededores

Mensaje por Kaysa Gunhild el Jue Ene 03, 2019 12:23 am

Estaba sumida en sus pensamientos, pensando en donde podría estar Abraham. Ya que una vez que ella recibió la Armadura Dorada y ésta la acepto como su portadora, el anciano jamás volvió a aparecer. Tenía casi automatizado el movimiento de sus manos, que tomaba cada tronco y lo partía en dos para luego arrojarlos a la pila que tenía a un costado. Estaba consiguiendo un poco de leña para poder asar al ciervo que había cazado hacia un par de horas, en la madrugada. Ese día se había levantado bastante temprano pues quería darse un lujo de comer algo sabroso después de tanto tiempo.

Estaba tan distraída que no sintió al peli azul acercarse y se puso en guardia apenas lo vio. Tenía tenso sus puños y lo miraba con sus ojos entrecerrados, a él y a su acompañante. Al notar sus armaduras doradas y con la amabilidad que este saludaba, pronto bajó su guardia y ladeó su cabeza. Entendía algunas palabras, como murmullos puesto que Abraham le había enseñado a hablar un par de idiomas, pero no los dominaba a la perfección a ninguno de ellos. — Sí. — respondió inocente, sin reparar que estaba contestando a la primera pregunta que el Dorado de Cáncer le había hecho.

— Yo lo siento. No controlo mi cosmos aún. Estoy en etapa de acostumbrarme. — colocó sus manos en su pecho señalándose a sí misma. — Para poder controlar Cosmos.

Se palmeó el pecho tres veces muy suavemente cuando el hombre se presentó e introdujo también a su compañero. — Kaysa. — hizo una pausa para observar a ambos. — De Tauro. — sonrió. No tenía que dejar de llamarse por su título y dejó un momento demasiado incomodo que luego rellenó riendo. — Dorada, Amazona. — masculló en un griego básico, mientras se rascaba la cabeza con su mano derecha como gesto de vergüenza por no saber pronunciar muy bien el idioma. Observó el pedazo de tronco que tenía en su izquierda y dijo.

— Ustedes… ehm, ¿por qué visitar a Kaysa? Yo no… — revisó su historial de palabras en su mente. —…conocer a nadie. Pero tú, ustedes, ambos, ser aliados y ser bienvenidos a mi casa.

¿estaban subiendo?
— miró hacia la última casa. El Templo de Athena que se podía ver desde cualquier punto sobre las doce casas. Era imponente, pero Kaysa jamás había ido. — Yo estaba… preparando fuego para comida, ¿quieren ustedes comer? — estaba sola y sin métodos de comunicación. Así que la mejor manera de aprender más del idioma y de relacionarse con sus aliados era teniéndolos cerca, como amigos. Así que lo mejor que se le dio fue decir eso.
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Re: Templo de Tauro - Alrededores

Mensaje por Deneb el Jue Ene 03, 2019 10:53 am

Los dos caballeros de oro habían salido de aquella taberna e iban al templo del patriarca, pero claro antes tenían que pasar por los doces templos del santuario antes de llegar, cosa que no harían en su totalidad ni Deneb ni mucho Sid que conocía algunos atajos para llegar más rápido y sin tener que pasar por todos los templos y subir todas esas escaleras entre cada templo. Ambos guerreros portaban sus armaduras doradas, cada una con su brillo especial y su semejanza al signo al cual representaban, Deneb aún llevaba su bolsa de comida en su mano derecha la cual planeaba dejar en su templo antes de subir a hablar con el patriarca.
Aquella charla con el patriarca iba a hacer seria, tanto Sid como Deneb tenían preguntas sobre qué hacer, Sid había reportado a Deneb que había hablado con una especie de enviado del Olimpo, más allá del mensaje que le pudo haber dado el emisario ambos se encontraban preocupados por el hecho de que era un ser del Olimpo se estaba involucrado directamente con los temas de la tierra, por eso ambos caballeros estaban preocupados y ansiosos de saber qué hacer en aquella situación, Deneb el santo de capricornio caracterizado por ser el fiel a su diosa, tenía un mal presentimiento pero a pesar de eso sabía que tenía hacer lo que fuese para cumplir con su deber.
Al llegar al inicio del santuario tenían en frente el primer templo, el de Aries, que se encontraba vació y ambos cruzaron sin entablar conversación con nadie. Deneb no estaba al tanto sobre cuántos santos de oro habían en el Santuario, solo conocía a unos cuantos, entre ellos a Sid de Cáncer y otros que había visto el día de hoy en la taberna. Su camino seguía hasta el templo de Tauro, y tan pronto empezar a subir las escaleras que comunicaban al templo de Aries y el de Tauro el santo de Capricornio sintió un cosmos significativamente aterrador, era demasiado fuerte, seguro el guerrero del templo de Tauro impondría por su tamaño y su poder, aunque también poseía un clima apacible y armonioso algo que impresionaba aún más a  Deneb.
Cuando por fin estaban en el templo de Tauro, Deneb no pudo más que quedar pasmado y enmudecido ante la persona que se encontraba frente a él, sus pensamientos sobre que el protector del templo de Tauro sería un hombre estaban muy equivocados, la persona frente a él resulto ser una mujer de increíble belleza, sus ojos de un color no determinado, parecían ser azules y verdes al mismo tiempo, y una mirada profunda y apacible que podía calmar al alma más desesperada o quedar para siempre en el corazón de cualquier persona que la viese, además de un perfecto cabello rubio que adornaba su rostros juntos con sus facciones angelicales que perfectamente pudieron haber sido ser dados por los mismísimo dioses.
Fue por fin que pudo salir de su impresión cuando Sid lo golpeo con el codo, moviendo su cabeza hacia donde se encontraba Sid, Deneb solo dijo. -Es hermosa.- Poco a poco se acercaron y Deneb no hizo más que estar ahí contemplándola, sin duda lo había maravillado aquella mujer no solo por su belleza si no por su altura la cual era excepcional y obviamente aquel cosmos terroríficamente  fuerte, escuchó lo que hablaban ella y Sid, cuando Sid le dijo quien era, el santo de capricornio movió su mano saludándola, Deneb intervino cuando tuvo tiempo.
-Tenemos que subir al templo del Patriarca, algo de suma importancia, si quieres tu Sid explícaselo- Mirando a Sid de Cáncer.
Posteriormente al ofrecerle comida Deneb acepto rápidamente, aquel animal le recordó a su cuerpo cuanta hambre tenía, y podía dar algunas mordidas rápidas para calmar su hambre antes de seguir subiendo hasta su objetivo.
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Re: Templo de Tauro - Alrededores

Mensaje por Sid el Jue Ene 03, 2019 9:06 pm

Sid se sintió de inmediato incómodo con esa joven. ¿Acaso era retrasada o algo? Quizás sólo sorda o con algún impedimento del habla. No entendía por qué estaba teniendo tantos problemas en comunicarse con ellos cuando de pronto lo golpeó... ella seguramente venía de algún lugar muy lejano en donde el idioma fuese completamente distinto. Se controló para no rodar los ojos y mostrarse mal educado con ella, porque recordaba lo difícil que le había sido cambiar del Italiano al Griego y además tener que aprender algunos idiomas cuando lo mandaban de misiones por el mundo. Aún así, se le hacía raro que las personas que la hubiesen entrenado o guiado para convertirse en un caballero dorado no hubiesen tomado el tiempo de enseñarle mejor. 


―Eh... yo Sid ―apuntó hacia sí mismo―. Cáncer ―dijo lentamente para que ella comprendiera que él era Sid, con gestos manuales que le hicieran más practico el entendimiento y luego apuntó a su compañero―. Deneb, capricornio ―y sólo entonces volteó a ver a Deneb y lo notó de inmediato. 


El caballero dorado de Capricornio era un sujeto serio y formal, un poco frío con los extraños, severo y un tanto predecible. Era la imagen del honor, del orgullo y la lealtad, sin mencionar que para él estar ahí era su vida. No obstante, su mirada había cambiado levemente y él lo notaba porque había pasado más tiempo con él que con cualquier otro sujeto en el Santuario. Deneb estaba interesado en Kaysa o al menos despampanado con su belleza. Y sí, Kaysa era muy linda, pero también parecía una persona de baja inteligencia, como un niño, y Sid odiaba a los niños y más aún a los adolescentes. Que fastidiosos que eran. No hubiese visto a Kaysa con otros ojos aparte de como veía al común de los caballeros y amazonas del Santuario. Su belleza no lo había logrado cautivar porque se acercaba demasiado a la perfección. Lucía como ese tipo de mujeres que son demasiado buenas para ser tocadas, carentes de pasión y con perpetua inocencia. No, Kaysa no era para nada el tipo de Sid quien desbordaba instinto y buscaba la diversión en todo lo que hacía. 


Deneb era otra historia. La veía con tanta cautela que llegaba a ser gracioso y además ni si quiera la había saludado o hablado, evidentemente incómodo por estar en presencia de alguien tan hermosa y no saber qué hacer o decir. Aquello se le hacía de lo más gracioso a Sid. Estaba decidido, le daría una mano a Deneb para que lograba quebrar esa barrera de timidez e incomodidad que súbitamente le había bajado. 


―Sí, creo que se lo puedo explicar después eso que tenemos que hablar con el Patriarca, Deneb ―se rió dándole un codazo para que se acercara más y se presentara como la gente, ¿Cómo podía ser tan despistado para saludar con un gesto de su mano a una chica que le había interesado a primera vista? Muy amazona podía ser esa Kaysa pero era una mujer y Deneb un hombre―. Pero, ¿Dónde están tus modales? Salúdala y preséntate como corresponde. Mira que el título de caballero no es sólo de bonito ―Sid rió y puso sus manos en la nuca mirando a Kaysa preguntándose si esa chica sería realmente tan inocente y tonta como se veía―. Con gusto comeremos contigo. Kaysa. ¿Necesitas ayuda? Mi compañero aquí prepara la mejor comida que puedas imaginar, si hasta compró un par de cosas para comer, ¿no? ―le mostró la bolsa con el índice mientras abrazaba a Deneb por los hombros intentando alabarlo frente a la joven para que se viera bien―. ¡Además ese brazo que ves aquí es como una espada que corta cualquier cosa! ―le sujetó el brazo derecho estirándoselo un poco para que Kaysa lo viera. De seguro lo estaba avergonzando un poco, pero a Sid no le importaba, de seguro después se lo agradecería―. Si estoy hablando demasiado rápido para que me entiendas házmelo saber. A veces no pienso demasiado antes de hablar. De cualquier manera, Deneb es un gran sujeto, permítele que te ayude un poco. 

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Re: Templo de Tauro - Alrededores

Mensaje por Deneb el Vie Ene 04, 2019 9:02 am

La ironía de la vida, en un momento a otro había pasado varias cosas, en un inicio Deneb serio y completamente no pensaba en otra cosa que fuera en su deber como caballero y en la tarea que seguro le encomendaría a él y su compañero Sid, el patriarca, luego de tener la charla que planeaban tener cuando llegaran al templo de este, y ahora se encontraba en la casa de Tauro frente a semejante mujer impactado por su belleza. Si bien Deneb no era de esos tipos, qué se impresionan fácilmente, pero aquella mujer lo había cautivado y lo había dejado helado.

Era una situación incómoda, y Sid, bueno era sujeto no muy clásico se podía decir, su comportamiento era totalmente distinto al de Deneb, era más un alma libre que él, que era un poco más un alma vieja de esas que solo piensan en sus responsabilidades, y el primero no tardo en incomodarlo más tratando de que entablase conversación con la guerrera; Deneb que aún que estaba impresionado no quería decir que estuviese flechado, solo eso, impresionado, o al menos eso lo que proyectaba con su mirada.

-Si yo, eh... Soy el Santo de Capricornio, Deneb, mucho gusto.- Dijo con un tono seguro, tratando de mostrarse sin nervios. -Puedo ayudarte  con el ciervo si gustas, como dice Sid esto lo compré esta mañana para comer.- Mientras señalaba con su mano izquierda a la bolsa que llevaba en su otra mano. En ese momento una mirada de fastidio por parte del santo de Capricornio se dirigió a Sid que se encontraba risueño ante la situación y para nada incomodo, todo lo contrario disfrutaba de ver a su compañero en ese estado, Deneb lo último que quería en ese momento era entablar conversación con la joven que se encontraba frente a él, pero por dentro quizás sí, quizás los nervios mismos ocultaban ese deseo.  

Volviendo su mirada a la joven. -Como dije te puedo ayudar, pero no usaré mi brazo derecho, sería una falta de respeto para Athena que usase mi Excálibur en cosas tan banales.- Mientras se sacudía su brazo quitando la mano de Sid que había estirado su extremidad para bromear un poco con él. –Eso sí que sea rápido, tenemos prisa, Sid ha hablado con alguien del Olimpo y parece que algo muy grande se aproxima a la tierra, quizás una guerra o algo por el estilo, por eso debemos hablar con el patriarca debemos estar preparados para lo que pueda llegar a ocurrir y además debemos empezar a buscar a nuestra diosa Athena, parece ser que ella ya debería tener la edad suficiente para entender todo esto.-

Deneb ponía al tanto de la situación a la chica, el por qué y los motivos para que ambos tuvieran tanta prisa en pasar por el templo de Tauro y llegar rápidamente a la cámara del patriarca, más allá de todo aquello que había sentido al verla, Deneb sabía cuales eran sus prioridades y por mucho que le llamase la atención tenía que enseriarse y dejar esos nervios de lado, era una guerrera más a las filas del santuario, poderosa de eso no había duda su tremendo cosmos lo demostraba.
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Re: Templo de Tauro - Alrededores

Mensaje por Kaysa Gunhild el Sáb Ene 05, 2019 9:25 am

― Eh... yo Sid. — el peliazul se señaló a sí mismo. — Cáncer. — apuntó a su compañero de cabellos negros alborotados y musitó muy lentamente. — Deneb, capricornio. — volteó a ver al Dorado señalado y se quedó mirando un momento. Hubo un momento incomodo donde Kaysa no supo que hacer. Deneb parecía algo distraído o perdido en sus pensamientos mientras observaba a la amazona y pronto musitó unas palabras. — Tenemos que subir al templo del Patriarca, algo de suma importancia, si quieres tu Sid explícaselo.

― Sí, creo que se lo puedo explicar después eso que tenemos que hablar con el Patriarca, Deneb. — le dio un notorio codazo y Kaysa se sorprendió al ver eso. Muy a menudo notaba esos juegos con sus hermanos mayores cuando practicaban entre ellos diálogos que usarían luego con las mujeres en el pueblo frente a un muñeco de paja. Cada vez que alguien pensaba que había una buena frase para decir, codeaba a sus hermanos y les decía “Escuchen esto…”, para dar su parla. Las cuales parecían ser ridículas, aunque ellos aseguraban que eran súper efectivas.

—  Pero, ¿Dónde están tus modales? Salúdala y preséntate como corresponde. Mira que el título de caballero no es sólo de bonito. — Cáncer puso sus manos detrás de su nuca, mientras le daba paso al caballero de Capricornio a que se presentara como era debido. Deneb dio un paso hacia delante. Aunque la razón de todo ello era su compañero, de seguro se sintió presionado. — Si yo, eh... Soy el Santo de Capricornio, Deneb, mucho gusto.

— El gusto ser todo mío. — contestó Kaysa al instante haciendo una reverencia y sosteniendo su falda con sus dedos un momento para estirarla. Era algo que Abraham le había enseñado: Modales. Y ella casi los hacía automáticamente de tanto que los había practicado.

— Con gusto comeremos contigo. Kaysa. ¿Necesitas ayuda? Mi compañero aquí prepara la mejor comida que puedas imaginar, si hasta compró un par de cosas para comer, ¿no? — habló Sid de fondo mientras Kaysa miró sus pies un momento y rompió la reverencia al instante. Pronto Capricornio, caballeroso y opuesto a lo que representaba su compañero de armas contestó. — Puedo ayudarte con el ciervo si gustas, como dice Sid esto lo compré esta mañana para comer.

Le mostró su bolsa de comida, mientras Sid tomaba el brazo de su compañero sin permiso alguno. — ¡Además ese brazo que ves aquí es como una espada que corta cualquier cosa! — Deneb se quedó mirando a Kaysa mientras Sid jugaba con su extremidad. — Como dije te puedo ayudar, pero no usaré mi brazo derecho, sería una falta de respeto para Athena que usase mi Excálibur en cosas tan banales. — se sacudió de Sid y pronto Kaysa tomó el brazo de Capricornio. — Tu cargar con un peso muy grande. — se compadeció e incluso pareció vivirlo. Acarició la mano de Deneb con suavidad en un gesto fraternal. — Tu estar castigado y bendecido por Dioses, ser un arma. Pero un arma es dolor si ser mal usada.

Le soltó la mano suavemente. Mientras un silencio abundó el ambiente. Fue efímero pero pesado. — Entonces se quedan a comer. — sonrió. — Gracias.

Eso sí que sea rápido, tenemos prisa, Sid ha hablado con alguien del Olimpo y parece que algo muy grande se aproxima a la tierra, quizás una guerra o algo por el estilo, por eso debemos hablar con el patriarca debemos estar preparados para lo que pueda llegar a ocurrir y además debemos empezar a buscar a nuestra diosa Athena, parece ser que ella ya debería tener la edad suficiente para entender todo esto. — de pronto Kaysa se quedó mirando a Deneb. — Eso… ser tremendo. Tu tener que cumplir con órdenes y avisar a Patriarca cuanto antes.

¿por qué estar aquí hablando conmigo?
— los cuestionó. Realmente no había tiempo que perder si lo que decían ambos era cierto. Estaba disgustada. Puesto que una de las responsabilidades que le habían inculcado era que debía proteger a Atenea, y cualquier cosa que amenazara a la tierra debía ser notificada al sumo pontífice que era el Patriarca. Tanto habían taladrado su cabeza con eso que ella se disgustaba más de la cuenta por personas que parecían más responsables no estuvieran haciendo su trabajo. Sin embargo, en ese momento recapacitó un poco más las palabras de Deneb que llegaban con mayor entendimiento. La barrera del lenguaje se hacía ver, y fue ahí cuando ella observó a Sid. — Olimpo ser como Asgard.

¿Tu ser, eres, mensajero de Dioses? ¿hablar con Dioses?
— era realmente impresionante. Entonces ahí entendió un poco más porque Sid parecía algo loco y sus acciones no eran tan comunes. Como si su cabeza no concordara o no tomara las responsabilidades tan a pecho. De seguramente los dioses susurraban palabras a su oído todo el tiempo dándole mensajes y él había hablado con alguien del Olimpo. — Tu… ¿hablar en sueño con ellos? Ser profeta y guerrero. Tu también cargar un peso importante. — lo miró directo a los ojos. Estaba emocionada con esas personas que se le presentaban directamente a su puerta del Templo, y además que sean sus camaradas. Sus pupilas temblaban, como si estuviera a punto de llorar. No se sentía tan sola ese momento.

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La razón por la cual puse sus diálogos fue para darle línea temporal y coherencia a todos los diálogos. Agradecería que no me saltearan porque si no es muy difícil acomodar todo.
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Re: Templo de Tauro - Alrededores

Mensaje por Sid el Sáb Ene 05, 2019 1:33 pm

Ella lo miraba directamente a los ojos con lo que al principio pareció ser molestia y luego una profunda tristeza, como si en cualquier momento se fuese a echar a llorar, ¿O quizás sólo se había emocionado con todo eso? No estaba seguro. No era demasiado bueno cuando se trataba de traducir el lenguaje emocional de una mujer, menos de una que parecía más frágil que una copa de cristal. 

No pudo evitar subir una ceja y sentirse completamente fuera de lugar ahí con esos ojos celestes clavados en los suyos como si estuviesen viendo directamente a su alma. ¿Por qué lo miraba de forma tan intensa y compasiva? Él no necesitaba la compasión de nadie y mucho menos de una desconocida con la cual acababa de presentarse. Lo hacía sentir extraño, fuera de lugar y molesto. ¿Ella estaba apiadándose de la carga que llevaba encima? ¿Qué podía saber ella de sus verdadera carga? Nadie podía haber comprendido nada al respecto porque su don era algo que no había pedido ni había querido, pero que de pronto obtuvo y tuvo que aprender a vivir con ella anestesiado generalmente por el alcohol. 

No necesitaba de la lástima de nadie, menos de ella y sus ojos se afilaron comunicándoselo con seriedad en un duelo de miradas. No parpadeo ni se movió. Sus ojos se pegaron en los de ella con una mueca de disgusto que en cualquier minuto podría haberse quebrado de forma física. Había vivido una vida muy dolorosa, perdido a su familia y vivido entre la alma de los muertos  y la única forma que tenía de convivir con ella sin volverse loco era riendo ante todo y pensando que la vida era una gran broma de la cual él era parte. Quien lo conocía un poco mejor sabía que detrás de ese manojo de risas y sarcasmo había alguien con el alma rota y llena de enormes dolores, pero no sería Deneb quien lo viese y mucho menos Kaysa. 

No obstante, luego de un momento en que no hubo palabras, pestañeo o si quiera respiración entre ambos, toda la situación comenzó a parecerle extrañamente divertida, como siempre. 

―Oye, oye, relájate, ¿Quieres?  ―dijo divertido quebrando la tensión y echándose a reír. Luego rascó su mejilla para minimizar la gravedad de todo lo que parecía estar pasando―. No soy ningún mensajero de ningún dios. Lo único que habla conmigo es... ―Sid la miró y sus gestos se volvieron un poco más macabros y divertidos― ...La muerte. 

Había tenido suficiente en ese lugar. Caminó con las manos en la nuca hacia la entrada del Templo de Tauro dejando a los dos tórtolos atrás. Kaysa podía agarrarle el brazo todo lo que quisiera a Deneb y quizás también otras cosas si su amigo dejaba de ser tan correcto y caballeroso como siempre. Los dejaría a solas y él nuevamente se haría cargo de las responsabilidades de esa estúpida vida en el Santuario. 

Ya se las cobraré a Deneb en algún momento ―pensó suspirando y volteando sobre el hombro con una gran sonrisa.

―Disfruten la comida. He decidido que no tengo hambre ―les guiñó un ojo a ambos sabiendo que Deneb comprendía lo que realmente le quería decir. Quizás Kaysa no, porque era un poco estúpida―. Come tranquila preciosa, hablaré con el patriarca ―se despidió así de Kaysa y volteó hacia adelante dando pasos relajados y al mismo tiempo irritados―. Mi reputación definitivamente se está yendo al carajo cuando soy el primero en ir a reportar asuntos importantes. Debería desaparecerme un par de días después de eso para que recuerden que no pueden depender conmigo para nada. Que molestia, ir y venir e ir y venir. Nunca parece que me dejan en paz en este maldito lugar... 

Se adentró en el templo de Tauro perdiéndose su figura en los largos corredores del recinto. Iría a hablar con el patriarca de inmediato y se sacaría de encima todo ese asunto de lo que había ocurrido en Santorini. 
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Re: Templo de Tauro - Alrededores

Mensaje por Deneb el Dom Ene 06, 2019 11:38 am

La situación iba de incomoda a muy incómoda, luego de sacudir su brazo derecho Deneb sintió las manos de la amazona, era algo totalmente distinto a lo que se podía esperar de una mujer así, sus manos tersas y suaves no parecían ser de una persona que se dedicara a combatir y a entrenar, acariciar su mano, su cuerpo se estremeció y sintió un escalofrió en toda la espalda, se ruborizó y bajo su mirada ante el gesto amable y gentil de la mujer no si antes notar lo bella que era estando frente a frente. -La verdad no lo veo como una maldición si no como un don que me fue dado por Athena para hacer de su voluntad algo tangible en la tierra.- Dijo el santo de Capricornio con voz atenuada y perfectamente clara mientras sus ojos todavía marcaban su mirada al suelo del templo de Tauro.
 
Luego un silencio no tan incomodo como lo que había sucedido antes invadió el lugar, y Deneb presenció como la amazona observaba a Sid el santo de Cáncer impresionada por lo que el pelinegro había dicho antes, que Sid había hablado con alguien del Olimpo eso seguro llamaba la atención de cualquier persona, lo encaró diciéndole palabras algo condescendientes, quizás para compadecerse de Sid de alguna manera, pero este de manera cien por ciento fiel a él le respondió sin darle una respuesta concreta y algo burlona también.
 
-Venga Sid.- Dijo mientras su mirada se ubicaba en su compañero de armas. -No la trates así tampoco.- con un tono algo bromista Deneb, quería disimular su nervios por lo que había pasado anteriormente con algo de humor él también acompañando a Sid con sus palabras fuera de lugar, por eso posó una sonrisa falsa mientras mirada a Sid, Lo que no esperaba Deneb era que su compañero le daría un momento a solas con la amazona, por eso sus cejas se levantaron un poco y su mirada fue de espanto cuando vio que éste empezó a caminar diciendo que se le adelantaría y que no comería nada, quiso detenerlo pero fue en vano sus palabras no alcanzaron a salir de su boca.
 
No le quedaba de otra que quedarse ahí con la amazona hablando un momento y luego alcanzar a su compañero, pero tenía algo que preguntarle antes, y era que había escuchado que ella había dicho Asgard, Deneb aparte de ser la imagen del caballero duro que tenía entre ceja y ceja sus ideales también era alguien que le gustaba escuchar historias y leer libros sobre cosas que desconocía para ocupar sus momentos de ocio que no tapaba con entrenamiento, y aquella palabra Asgard, llamó mucho su atención, por lo que sabía era que el reino de los dioses nórdicos así como lo es el Olimpo con los dioses griegos, algo que fascino y estremeció al santo de oro.
 
-¿Eres nórdica, en caso de serlo por qué estás aquí, a tanta distancia de tus tierras? Lo siento si son muchas preguntas, pero es que esa palabra Asgard, me llamó mucho la atención.- Mirando el ciervo en el suelo. - Se me pasó por alto.- Fué hacia donde se encontraba el ciervo con pasos lentos y un caminar que mostraba el brillo de su armadura mientras, colocó su bolsa en el suelo que se quedó en el suelo por el peso de los alimentos que llevaba Deneb, y empezó a tomar cosas de esta para preparar algo que saciara el hambre de ambos, posiblemente un caldo de verduras y carne de ciervo con pan sería suficiente para ambos. 
 
-Ven me puedes contestar mientras preparamos y comemos es ciervo.- Hizo una seña de que viniera hacia donde él se encontraba; se dio cuenta del tamaño del animal. - Maldición te esforzaste mucho en cazarlo, es el doble de tamaño de uno normal.- Dijo mientras esperaba que Kaysa se le acercara y le hablara.
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Re: Templo de Tauro - Alrededores

Mensaje por Kaysa Gunhild el Dom Ene 06, 2019 2:47 pm

Cuando Sid se marchó ella simplemente se quedó en silencio procesando lo de que hablara con la muerte. Le parecía muy increíble ese hecho de que Hela pudiera intervenir entre los mortales. Pero le pareció excelente que hiciera su trabajo como Santo y se retirara a hablar con el Patriarca de urgencia. Aunque le hubiera gustado compartir una comida con ambos.

Ella observó a Deneb. Pensó que él lo seguiría al Santo de Cáncer, sin embargo, se quedó con ella. Algo desconcertada por la actitud del protector de la décima casa le contestó lo que antes había mencionado. Ahora con mayor intimidad, puesto que no le gustaba divulgar a todo el mundo sus ideales que parecían los de una persona revolucionaria dentro del Santuario. Ese choque de pensamientos, ese choque de ideales y duda que tenía en su cabeza Kaysa era muy grande. — Pero… — hizo un silencio recalculando las palabras. —… Tu… entiendes como eso suena, ¿no?

Me refiero a… tu ser la voluntad de Atenea.
— miró su brazo. — ¿pero cuando tu voluntad manifestarse? ¿y cuando ser la de ella? ¿Cuánto tu ser 'repretensación' de ella? — dijo trabándose un poco con esa palabra. — Tu corazón dicta algo, pero tu oficio otra. No tienes elección o libre albedrio. Eres una arma y haces lo que toda arma hace, causar daño en nombre de quien empuñe a ella. — hizo el gesto de empuñar una espada y golpear al aire.

¿pero cuánto tu estas dispuesto a hacer daño? ¿qué pasa si tu voluntad como arma alguna vez te lleva a hacer cosas que tu no quieres? — recordó de repente, a su padre asfixiando a su hermano menor, que era tan solo un bebé, hasta matarlo, porque el nacimiento de un niño no era lo que querían los Dioses.

Él le cuestionaba un par de cosas acerca de su descendencia y de dónde provenía. Cosa que le pareció interesante de contar, puesto que nadie se lo había preguntado. — Islandia. — contestó secamente. Puesto que ella no conocía el nombre del pueblo de dónde provenía, más sí el nombre de su país. — Me crie en las montagñas. — la dificultad para pronunciar eñes, era muy difícil para ella.

— Estoy aquí, porque mis padres me vendieron. — sus ojos tuvieron un dejo de tristeza. Pues había sido prácticamente criada para ser la elegida de los Dioses y cuando tuvieron la oportunidad, la vendieron a Abraham por una bolsa llena de monedas de oro. Ese era la estima que sus padres tenían con ella. Abraham, sin embargo, tenía otras intenciones. Sabía muy bien que Kaysa se podía convertir en una amazona dorada y trabajaba para el Santuario. Fue por eso que fue exactamente donde ella estaba, porque había sentido su cosmos o al menos eso era lo que él decía. — No es tan extaño. He visto muchas personas de distintas lugares. No soy la única de lejos.

El caballero se ponía con los preparativos del ciervo. Mientras ella sentada en una roca, suspiró pesadamente. — Ásgarðr es lo más bonito. Yo no conozca, pero, es la hogar de los Æsir. Cuando tu mueres si eres un guerrero mucho fuerte, y Óðinn te elige, las valkyrja, te guían hacia Valhöll y la otra mitad no elegida irá con Freyja al Fólkvangr.

Algúna día me gustaría ir ahí. Cualquiera de las lugares estaría bien para mi.
— miró hacia el cielo. Realmente no sabía que encontraría allí, pero pensaba de alguna manera que detrás de todo ese inmenso celeste, se encontraba el Bilröst y que Heimdallr alguna vez la recibiría abriéndole las puertas de la ciudad de los Dioses. Cuando agachó la cabeza para ver al caballero dorado estaba observando al ciervo. Le hizo un cumplido y ella sonrió. — No, no es difícil si saber empuñar lanzas. — le mostró una de las cuantas lanzas que tenía apoyadas en un árbol. La punta era de piedra y estaba atada por lianas, la piedra estaba tan finamente tallada que incluso un roce con la yema del dedo índice podría ocasionar un pequeño corte profundo.

Lo dejó cocinar a Deneb. Al menos hacer los preparativos de todo mientras le miraba. Era nuevo charlar con una persona que no sea de su sangre que no fuera Abraham. Ya que él la trataba con indiferencia y la regañaba todo el tiempo de que tenía que hacer como un profesor con una niña. — ¿y tú eras de aquí? ¿cuál es sua historia?
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Re: Templo de Tauro - Alrededores

Mensaje por Deneb el Dom Ene 06, 2019 8:31 pm

El fuego donde se iba a cocinar el ciervo daba a ambos una sensación de calor apacible, los sonidos de unas cuantas aves que su canto hacía calmar a cualquier ser vivo agitado, la brisa fresca en el rostro de ambos, el sol bajando poco a poco, las nubes en su azul entremezclado con los brillos del astro creando un púrpura azulado. Bonito paisaje delante de ellos, Deneb el santo de Capricornio y la recién conocida Kaysa, amazona de Tauro. Deneb todavía cocinaba sus alimentos en la olla que contenía agua caliente para cocerlos.
 
Se sentó en el suelo, aún con su armadura puesta el santo de Capricornio podía moverse ágilmente, entrecruzo sus piernas y posó su mirada en el horizonte, con su calma característica oía las palabras que salían de la boca de Kaysa, ella respondió a las interrogativas de él y también lo interrogo de cierta manera, preguntas que rozaban con lo filosófico y simples preguntas como por ejemplo quien era el santo de Capricornio. -Bueno.- Exhaló una gran cantidad de aire preparándose para hablar, el viento acarició su cabellera algo larga.
 
-En cierta forma es cierto lo que dices, pero yo soy un santo de oro y al igual que todos a los míos todos tenemos un objetivo cumplir con lo que dicte Athena. Esta arma le fue dada al primer santo de Capricornio por ser el más fiel entre todos los caballeros entre el ejército Atheniense.- Mientras miró su brazo derecho. –De cierta forma mi voluntad es la de Athena, lo que quiero hacer es lo que Athena quiere que yo haga, esto significa mucho para mí. – Esta vez posó su mirada en la olla que se calentaba girando su cuerpo por encima de su hombro. –No creo que exista el momento en que no quiera hacer algo encomendado por Athena, por algo fui elegido por esta armadura, debo seguir a mi diosa antes de todo.-
 
-¿Qué tus padres qué? Degenerados estarían locos de seguro.- Dijo Deneb al escuchar que a la amazona la habían vendido cuando era joven, no quiso ahondar en la herida cuando noto la tristeza en la cara de la chica.
 
Mezcló los ingredientes y se aseguró de que todo estuviese en orden, no quería cocinar de más los alimentos o que estos se quemasen. Fue ahí cuando escucho todo acerca de ese lugar llamado Asgard, se fascinó con la historia contada por Kaysa, pensó que ese lugar sería mejor reino que el de los dioses egoístas del Olimpo siempre pensando en eliminar a la humanidad en vez de ayudarla a encarrilar su camino.
 
-Ese reino suena mejor que lo que es el Olimpo, dioses egoístas que solo piensan en eliminar a la raza humana, de seguro irás en un futuro.- Bajó su mirada que lucía decepcionada apartándola del caldo que se preparaba en el fuego, pronto Kaysa lo interrogo sobre su historia. –Mis padres fueron asesinados en una tarde-noche cuando veníamos de pescar, éramos pescadores de la costa Griega, en un pueblo pequeño apartado de las grandes ciudades. Ese día conocí mi poder, asesiné al tipo que le quitó la vida a mi papá y mamá, luego vagué mucho por Grecia hasta que un día esta vino por mí.- Se tocó dos veces el pecho de su armadura. –Me dirigió hasta aquí y bueno lo demás es historia conocí a Sid el cual es el tipo con quien más hablo en el santuario, no soy muy extrovertido todo lo contrario a él que no teme expresar lo que piensa frente a nadie quizás por eso nos llevamos también. En fin esa es mi historia.-
 
Las palabras salían calmadas con un tono suave, no quería dar muchos detalles, no quería seguir recordando aquel momento fatídico el cual perdió a sus padres, se levantó y sirvió el caldo junto con un pedazo de pan a él y Kaysa, esperaba ansioso que le gustase a la amazona, lo había preparado con mucho cuidado, los platos eran sustanciosos seguro calmarían su hambre y también la de ella.
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Re: Templo de Tauro - Alrededores

Mensaje por Kaysa Gunhild el Sáb Ene 12, 2019 11:00 am

Lo siento. — expresó sinceramente Kaysa. No quería caer en una conversación triste. Se notaba que Deneb era una persona fuerte, al menos físicamente hablando y quería conocer su historia como guerrero. Pero en cierta forma comprendía el pasado triste. Quizás el Santuario no era un lugar más que para guerreros rotos que luchaban por la paz porque no tenían más porque combatir. Es quizás también que por ello eran tan buenos en hacerlo.

Pronto cuando la conversación se detuvo, el Santo Capricorniano le ofreció un bol lleno de caldo y un poco de pan para que comiera. Ella estaba hambrienta. Apenas estuvo en sus manos, cortó un trozo de pan y lo untó en el plato, devorándolo, apenas si masticaba, sus mejillas estaban hinchadas de tanto que se metía en la boca y para alivianar todo eso, posó los labios en el borde del plato y bebió directamente un poco de caldo. — Hrmm, delishiosho.

Su apetito era voraz, y sus modales nulos. Pero debido a su belleza podría expresar ternura al ver sus cachetes inflados como si fuera un hámster. Hizo esfuerzo para tragar el ultimo pedazo de pan que tardó en cruzar su garganta. — ¿Dónde has aprendido tu a cocinar así? — se limpió con su antebrazo algunos restos de comida que quedaban en sus labios. — Perdón. — sintió vergüenza. Sabía que estaba mal actuar de esa manera, pero era más fuerte que ella. Solo le quedó sonreír tímidamente para pasar el mal momento de mostrarse así frente a Deneb.

Son mucho distintos, jejejejeje. — dijo sin borrar la sonrisa y esta vez riendo. No podía contener la risa. Como si algo la tentara y no pudiera parar. — Me refiera a tu y Sid. — se calmó un poco. Estaba algo nerviosa. No hablaba mucho con las personas. — Tú te ves… — frunció el ceño y sacó sus labios para afuera, intentando hacer una expresión seria. —…tan serrio y estricto.

Y él tan despreocupado.
— cambió pronto su rostro a la normalidad, mirando la entrada de la casa de Tauro por la cual se había marchado el Santo de Cáncer. Bebió el poco caldo que le quedaba en su cuenco y se lo pasó vacío a Deneb. — Gracias.

Se puso de pie estirándose. — Hasta ahorra, yo jamás he tenido que usar mia cosmos. — se miró la palma de sus manos. — Supongo que Odín estará ahí para guiar cuando sea la momento. — blasfemó. Pensando que quizás Atenea no representaba tanto lo que ella quería o tenía en su cabeza. Sus ojos grisáceos con tonos verdosos y celestes se posaron sobre Deneb. Lo miró y contempló en silencio, en cierta forma lo envidiaba. Estaba tan entregado a la Diosa griega que no tenía dudas en lo que hacía. Estaba orgulloso por el peso que cargaba y su voluntad podía cargar más si le pusieran más peso. A ella vivir entre los Dioses realmente le era vivir muy difícil, su mente le decía que Odín era la respuesta, sus puños que Thor, su belleza que Freyja, su corazón que Tyr y su cosmos que Atenea. Incluso era una extraña mezcla de panteones que agregaba aún más confusión a todo aquello. Se salió de su trance, y esta vez lo observó mejor a Deneb, ya no perdiendo su mirada en la nada. — Eres un gran hombre. Cualquiera muchacha estaría encantada de ser desposada por ti.
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Re: Templo de Tauro - Alrededores

Mensaje por Deneb el Dom Ene 13, 2019 12:17 pm

La tarde seguía cayendo, y luego de escuchar aquellas palabras llenas del más puro sentimiento de tristeza por parte de Deneb la amazona sentenció un Lo siento, que se sintió verdaderamente sincero y no quiso ahondar más en el tema, quizás por respeto al pelinegro, él no lo sabía pero en el fondo agradeció aquel gesto.

Los dos tenían hambre, quizás mucha más tenía ella que él, nada más al tomar con sus manos el bol lleno de comida Kaysa empezó a comer de una forma para nada esperada por Deneb, su boca se llenaba en exceso por la comida que no le cabía del todo en su boca. Pero el santo capricornio todavía seguía perdido en su belleza y aquello le pareció tierno, sonrió sin que ella lo notará y empezó a comer de su bol estando todavía tumbado en el suelo, tranquilamente, todo lo contrario de su compañera, de verdad  quería saborearla toda, desde el caldo, pasando por el ciervo cocido y terminado por el pan, todo.

-No pidas perdón, está bien.- Dijo él luego de que ella se sintiera avergonzada por su actitud mostrada, la verdad a Deneb no le molestaba nada de eso al contrario le agradaba, sentía eso que muchos hablaban, esa sensación en el estomago, no sabía que era, pero  parecía gustarle. –Gracias, supongo que aprendí de mi madre, ella sabía cocinar como nadie, sabía perfectamente lo que me gustaba a mí y a mi padre, quizás de ella aprendí uno que otro secreto. –

–Si bueno, al ser Sid totalmente distinto nos entendemos creo, ser tan distintos de alguna manera nos une, el es más un alma libre y yo un poco más recatado.- Mientras miraba el horizonte frente a él y también la entrada por donde el santo de Cáncer había salido hacía ya bastante minutos, seguro él ya estaría frente a frente con el patriarca.

Deneb hablaba de su relación con Sid, el santo de Cáncer que era completamente distinto a lo que Deneb era, desde la forma de ser, hasta la forma de pensar. Quizás eso era lo que hacía que se entendieran, uno tenía algo que al otro le faltaba y hacían la dupla perfecta, algo así como el  ying y el yang, todo lo bueno dentro de lo malo y todo lo malo dentro de lo bueno.

Ella terminó de comer y entregó su plato a Deneb este lo tomó y lo juntó con el suyo y los colocó cerca de la olla que se encontraba apagada.

Luego Kaysa se levantó y fue ahí que Deneb vio lo alta que era, no lo había notado estando él de pie. Ella parecía estar confundida. –Supongo que Odín es un dios del lugar que me mencionaste, seguro el está contento de que estés aquí, si es tan bueno como dices seguro está del lado de Athena. – Dijo tratando de calmar a su compañera, mientras él se levantaba del suelo apoyando su mano derecha en su rodilla derecha.

Deneb se ruborizó por lo que dijo Kaysa, no se esperada eso, bajo su cabeza para que ella no viera su cara sonrojada. –Eh, gracias, supongo. Tu también serias una gran mujer para cualquier hombre.- Levantó su cara y la vio, y ahí sintió esas ganas, quería besarla, sentir esos labios rosados, pero sabía que aquello estaba malo y era una falta de respeto hacia la amazona, no podía hacerlo ella era una compañera de armas y él suponía que no se podían mantener relaciones afectivas entre guerreros y guerreras del santuario. Se mordió la lengua para quitar aquellas ganas.

-Bueno creo que  ya he estado mucho tiempo aquí, fue un gusto conocerte Kaysa. Tengo que ir al templo de Patriarca, hasta luego. - Giró su cuerpo haciendo mover su  capa blanca, y empezó a caminar lentamente hacía la salida del templo, sus pasos parecían titubear, como si no quisiese irse y dejar a Kaysa o como si esperara que ella le dijera que no se fuera.
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Re: Templo de Tauro - Alrededores

Mensaje por Kaysa Gunhild el Dom Ene 13, 2019 10:09 pm

Observó al suelo cuando él habló de Odín. Para ella ese Dios lo era todo, aunque no negaba que podía haber una conexión con Atenea, ella lo creía imposible. Óðinn — pronunció su nombre correctamente en nórdico antiguo y continuó con lo que quería decir. —…ser el padre de todo. — hizo un gesto con sus manos como si sostuviera al mundo con ellas.

— Donde quiera que yo ir, el estar ahí para mí. Soy su elegida, su valquiria, sangre… — tensó sus puños con orgullo y sus ojos se bañaron de un brillo hermoso de emoción. —…Gunhild. Cada mensaje o persona que yo la encuentro sé que está ahí porque él la puso ahí para mí. Es mía guía, mía confidente. Cualquiera persona ver a Sid y Deneb paseando por ahí, pero a mis ojos tu cargar con mensaje mucho importante… tu ser Hugin y Sid ser Munin. — sonrió. Probablemente había hablado demás y el caballero ni siquiera sabía de la historia de los dos cuervos.

— Si yo la veo así, cargar con un significado. Llenarme. — puso su dedo índice en su sien. Como si apuntara directo a su psiquis. Quizás tenía esas palabras atragantadas hacía mucho tiempo y las escupió apenas pudo. Quizás no con la persona indicada, ¿pues que sabía Capricornio de Dioses?

Cuando Deneb se puso de pie y le respondió lo que había dicho, ella simplemente se le quedó mirando. Como si no entendiera sus palabras, ¿ella una gran mujer? Donde se había criado, ser una gran mujer era cargar con el peso de una familia, cuidar de los hijos, atenderlos, mantenerlos fuertes y quizás, las más jóvenes y expertas llegar a cargar un escudo en la formación. Portar un arma era de suma importancia, pero pocas mujeres tenían la maestría para hacerlo. Simplemente la llevaban por si alguna estocada detrás del escudo se daba. Era un patriarcado completo, donde las mujeres eran el susurro del destino. Las más grandes podían decir que estaban a la par de Diosas, porque parecían traer mensajes sumamente sabios a los reyes o los condes de cada lugar que ellos tenían como esposos. Pero Kaysa… ella era muy diferente a todas esas mujeres, no tenía clase, no tenía fineza, apenas sabía vestirse, sabía mucho de combate y poco de cuidar a niños.  Sabía cómo sostener un escudo apenas y mucho de cómo manipular una espada, un hacha, cuchillos y sus puños. La interacción social apenas se le daba, y dar consejos era algo que tenía más talento innato que por aprendizaje.

— Una gran mujer sería mía madre. Yo no lo creo. Pero se agradece sua gesto de caballerosidad. — se inclinó sosteniendo su falda como le había enseñado Abraham, supo entender que Deneb lo hacía más por devolver la cortesía que realmente porque lo dijera con sinceridad. Cuando agachó su cabeza no pudo notar como el Santo se mordía su labio, y cuando la levantó él ya estaba de espaldas. Se despedía sin más y sus palabras eran secas y breves. Supo entender que quizás se marchaba porque estaba muy ocupado, después de todo la charla que habían tenido pese a que era corta había hablado de la obligación que tenían ellos como protectores y de cuanto estaba apegado a esa causa Deneb.

El caballero lo hizo a un paso lento, como si le costara irse y ella comprendió bastante las cosas. — Nunca pongas a tu diosa Atenea por debajo de otros o otras Dioses, tu responsabilidad y fidelidad es mucha importante, eso es lo que te hace quien tu eres. — sonrió, dejando ese mensaje críptico. Pero Kaysa sabía que estaba bendecida por Freya, la Diosa de la belleza y el amor nórdico, y que cualquier hombre que la veía sentía una gran atracción por ella. Ya le había pasado tantas veces que era inevitable no notarlo a esta altura.

Hasta luego, Deneb de Capricornio. — le saludo con su mano, para darse la vuelta y cruzarse de brazos. Creía haber dado las palabras finales de ese encuentro con dos de sus compañeros, que había sido efímero pero lindo y por eso sonrió. Aunque Capricornio aún no se había marchado y quizás tenía algo más para decir.
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Re: Templo de Tauro - Alrededores

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